martes, 7 de febrero de 2017

Un eslabón roto

Rojo ceniza se despierta el día.
Un rosa brillante le sigue algo tímido
y las farolas son un dejavu constante
en este trayecto sólo de ida.

Somos el eslabón roto de la cadena
El tornillo que sobró en la torre eiffel.
Esa pieza que resta inexplicablemente
cuando por fin encaja el puzzle.

No tenemos cabida en sus anuncios.
Siempre acabamos hundidos
entre sus denuncias.
Nos llaman antisistema, anticistema,
pero saben que ellos son los culpables
de la muerte inminente de la poesía,
del dolor que crece intenso
en las dobles jornadas
pagadas con neveras vacías,
en el deber incoherente
de abandonar el propio hogar
por no pagar al ladrón de vidas.

El miedo a la revolución crece.
Los bancos en la calle se llenan
de guantes rotos y de frío
de tripas vacías y bocas llenas de llanto
de resentimiento hacia los otros bancos
de ojos tristes y cansados
de cartones acolchados
de odio y miedo a un tiempo
que torna hoy moneda de cambio.

El girar del reloj asusta
si la aguja cae siempre a sus pies.
Más asusta el dinero
si siempre lo usan para romper
colmenas a cañonazos.

Requisan la dulce miel
y se llevan uno a uno los hexágonos
que construimos con tanto cuidado

Llegará el invierno y las abejas moriremos
sin sustento ni descendencia.
Para entonces se habrá fundido toda esperanza
de una primavera florida.

Florecerá el odio.
Morirá la vida.

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