Lo se, lo se.
Ya os lo habréis imaginado.
Pero, si mi verdad coincide con la vuestra,
entonces cada obra,
ya sea baile o canto,
lienzo o marmol,
hormigueo por entre las páginas
o esas miradas-poesía jamas leídas,
están unidas en un generoso vínculo
que se esparce en destellos por el mundo
y se muestran soneto cuadro o canción
del mejor artista conocido.
(En singular por si me decido
que hay tantos y tan dispares
que no caben al envés de este escrito)
Se puede crear una obra de intimo nexo
entre el amplio abanico de estilos.
Pero ha de nacer con el mas humilde cuidado
y crecerá con el escrupuloso fluir del alma
siendo por momentos todo,
siendo casi siempre humana.
Golpe en cuero de maza.
Tachón de importancia al final de un libro.
Cincel delicado invitando a las formas
a liberarse del exceso
y mostrar su superficie pudorosa
con curioso frío por el externo sol.
Ente astral algo menos que eterno,
en una vida de rápido goteo que,
como cualquier otro ser, se contenta
con decorar de violetas el cielo
cuando las nubes trazan el señuelo.
No hay letra tan bien grabada
ya sea digital o enteramente humanizada
como aquella que guarda el amor de otro,
la aversión o simplemente el ruido
que se escucha de fondo en un partido.
Hay artes que no son arte
y sin embargo algunos se hartan a pagar.
Hay caídas que son quedarte
y aun así avanzas al desastre de amar.
Hay artistas que por no sonarte
no suena ni su punzón al arañar
la superficie impura del yeso.
Ya se escucha desde aquí el progreso.
Llama la quejosa voz angustiada.
Clama a gritos una unión de gracia,
soltura y elegante devenir policromo,
sincero abrazo desnudo entre modos.
Tienes suerte si te han colgado el pase
que otorga algunos años de gozo.
Deambular por esta inmensa galería.
Adorar la luz, comprender el destrozo.
Saberte Yo, habitar la vida.
Conoces la salida.
Antes del cierre suena una campana
de huesos cansados, de ultimo exhalar
y en la oclusión oscura noche
y en conclusión;
nada.
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