A pesar de la belleza que va desprendiendo la lentitud,
nadie aprecia el vuelo de la hoja en su deslizar sobre el aire,
en su abrazo a la cornisa de la torre mas alta.
La calma en el juego.
La pausa en la risa.
El correr sabiendo que al final del camino
sólo ha de correr el agua fresca
de la fuente de la salud.
Beberemos a sorbitos o glotones
sin llegar a saciar esta sed de vida.
Observando la quietud que guardan
en ausencia de presiones los árboles
y como, imagen de los oprimidos,
se balancean flexibles
cuando el viento arrecia,
somos capaces de retener en nuestras agitadas ilusiones
una clara idea del tempo primo.
Aquel ritmo ancestral que se movía puro
ligado al contrapunto de la naturaleza.
Pasear sin direcciones
con las manos por detrás.
Los ojos en la cara y la mirada
más allá
del horizonte.
Pasear por pasear,
regalándole a los sentidos la atención precisada.
No venderse al ruido .
Cortarle el paso a la acción en general.
Dejar de hacer para ser.
Con luz clara y sin filtros
deshacerse denso como el humo
en volutas de perfecto reposo.
Dispersarse como una gota de tinta en el mar
y perderse en su entero "va y ven"
despacio relajado y sin pudor.
Un desnudo integral del alma
Un volver a sentir
Un volverse a sentir.
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