jueves, 9 de febrero de 2017

Juan Gorrión

Colores de lluvia.
Musgo tardio lamiendo cortezas oscuras,
brillantes destellos colgados de las ramas
y un frío de niebla opaca,
de ver caer el silencio a través del cristal
y de impresionar besos en el propio lamento.

Los espejos tirados por el suelo
con grietas e intenciones llenas de polvo
sorben el silencio con cuidado
dándole forma de onda o burbuja.

Nada hay en la calle más que silencio.
Nada mas que algún ave desorientada
buscando refugio sin suerte.
...Han talado su árbol...

Su casa ya no es suya.
El nido que con cariño fue tejiendo
ahora es suculento bocado de las llamas.
Después de todo y a pesar del esfuerzo,
con el ala rota y la vida torcida,
su mundo ha dado la vuelta.

Ya le dijo una vez su amigo:
"Gorrión, ¿tú no tenías morada
en la linde del sendero
al lado del río y cercana
al claro del oeste?

Pues has de saber que no tienes vivienda entera
sólo alguna parte de ella .
Lo que resta de tu posesión se lo apuestan
entre humanos y natura
en su alboroto de juegos macabros
donde o ganas la partida
o mueres de inanición.

Pronto llegará el blanco puro de la nieve
y fundirá el gélido invierno
sobre las oscuras cortezas,
bajo los pies descalzos,
y entre la prensa sucia de los portales.

Unos u otros se llevarán tu techo.
Tú planearás sin consuelo hacia los bosques
avisando a quien te quiera escuchar
del sucio destino futuro.

¡Oh gorrión! Vendrá aleteando el día
en que dejes de volar.
Quizás sea la edad, quizás los picotazos
de las palomas mensajeras del odio.

Para entonces ya sabrás donde buscar
y encontrarás mi cueva,
y te acogeré en mi seno
para aceptar juntos nuestra verdad:

A pesar de crear lo mejor para uno mismo
los logros son efímeros
y los errores cadenas de la eternidad.
Si no se disfrutan las caricias cuando son dadas
los golpes caerán con el peso del recuerdo
y el dolor arrepentido
solo morirá en tu último piar.

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