Quiero un melocotón.
Hoy no me apetecen judías.
Quiero un melocotón.
¡Por favor, que me apetece!
Que no quiero probar
las patatas con jamón.
Quiero un melocotón
grande y de seda,
dulce y lleno de agua.
No tan dulce como el amor
ni ácido como el olvido.
De tonos naranja pálido
con amrillo caliente
y algún verde descolgado.
En mi melocotón voy a guardar
las sonrisas que me cruce
y las dudas de mis grises.
El volar de un gorrión
para imitarlo en mi caída.
La lenta salida del sol
para recoger aquel despertar.
Y voy a guardar todos mis recuerdos,
no demasiado ordenados,
para que de vez en cuando
la imagen y las experiencias
regresen agitadas a la consciencia
de un inconsciente niño
que lo único que quiere
es un modesto melocotón.
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