La sociedad se me esta haciendo bola.
Sólo busco un refugio chiquitito
donde ir definiendo libertad
sin que unos valores caducos
impongan sus directrices.
No quiero saltar del coche en marcha,
tampoco enjaularme en mis ideas.
No quiero tener que escapar
pero esto se parece cada vez mas a una cárcel
y yo, preso rebelde,
sigo buscando resquicios de cielos futuros
en un utópico techo vestido de gris.
Empiezo a entender al camaleón
aprendiendo adaptación en su pecera.
El pobre cambió tanto de color
paseándose por círculos cromáticos
que acabó mareado reflejándo en el cristal
el eterno retorno al verde.
Es verdad: "el que no corre vuela".
Pero empiecen a correr
que las alas no crecen solas
y el ángel celeste, motor del firmamento,
murió hace tiempo de sobredosis.
Corran sin rumbo, sin prisa,
decalzos, sin sentido.
Paren cuando les de la gana.
Pero paren.
No hay prisa.
Yo les espero en mi refugio
que aunque cambiante siempre se parece:
Riachuelo de agua fresca
para limpiar las dudas,
sombra naturalmente irregular
amplia y sin dueño,
una guitarra bajo el brazo,
buenrollismo de acordes amables,
y cuatro mediocres poetas
haciendo filosofía de andar por casa.
Juego, bailo, siento y disfruto.
Y a pesar de todo esto
guardo algun momento discreto
para perderme en existencialismos difuntos:
muerte y resurrección en un solo acto.
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