viernes, 16 de abril de 2021

Templos

 

Se halla la respuesta en lo sencillo:
no hay eternidad compleja.


Después de diez años picando piedra
el alto templo al fin finalizado
parecía engullido por la montaña...
Sus esbeltas columnas babilónicas
ascendían con fe hasta deshacerse
en mil barrocas volutas de acanto.

Aquel arquitecto fue admirado,
y su templo reconocido.


Tras de una larga travesía
llegaron a un manantial
y allí, con madera, erigieron un símbolo.
Sobre el charco, inexacto, el reflejo;
en la sed, el significado.
Dios en el sonido del agua y los insectos.

Aquel templo fue admirado
y su manantial protegido.


Pasaron el tiempo y el agua.
Todo lo estático pereció, corriente abajo.
Donde hubo dos
sólo un templo queda
y en sus orillas sigue juntándose la gente
a celebrar su sed de vida.

Los símbolos han perdido su fuerza
pero este agua sigue siendo aquel agua.


Se halla la respuesta en lo sencillo:
no hay eternidad compleja.

No hay comentarios:

Publicar un comentario