No pretendo la
estética,
ni la erudición,
ni la vida
inmensa
confinada en un poema.
Pero cuido de
hablaros
con palabras
bellas
de lo que
siento y descubro.
La
contradicción es una yema:
casco el huevo,
pero alumbro
una verdad
naranja y densa.
Por siete
versos ligeros
diese toda mi
hacienda;
las palabras de
un poema,
hasta las más
blandas, pesan.
No es,
entonces, más liviano el verso más corto,
sino el de alas
largas y cuerpo chico.
¿Cabe un
instante, sólo uno,
en una gota de
agua al caer?
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