Lejos de esta realidad hay otra
intermitente e infantil.
Allá fuera quedan los bosques
con sus claros y sus sombras;
allá lejos, muy lejos, la vidacon su forma adulta y compasiva.
En el patio del recreo todo ocurre.
Suena el timbre y para el tiempo.
Un niño gordo y elegante pasa
mascarillas de contrabando, al tiempo,
dos niñas se pelean por un palo
que han encontrado en el suelo.
Todo en ese estado es aprendizaje.
Las medias horas son eternas
batidas de pies, pelotas y codos
de un lado al otro de la cancha de cemento.
Bailes, gritos e incluso besos
mal vistos. E incluso guerras
a las que nadie se opone,
en las que todo se enfrenta.
Piedras volando, mocos, arena.
Tantos sueños y tan libres.
Llantos derramados por la madre
distante o por el perro o el hambre.
Tantos sueños y tan cercanos.
¡Quiero ser astronauta y peluquero!
Y aterrizan las tijeras en la peluca
del compañero despistado.
¿Dónde está mi patio de recreo?
Mi presidio para la ventura,
un confinamiento a mi libertad.
¿Dónde tañe esa campana
que descose las certezas
y que anula la razón?
No hay comentarios:
Publicar un comentario