(Este texto, que pone en valor la creación artística no intencionada, funcionaría a modo de respuesta a Petirrojo, un poema sobre la creación activa)
Después de ver el verde vibrante
del madroño, oler el verano,
aún por venir, en las madreselvas
silvestres y encontrar nidos huecos
y calaveras vacías; después de gotas doradas, brisa fina y un sol templado,salió un arcoíris al que nadie prestó atención.
En el suelo vi moscas verdes y amarillas, escarabajos verdes y rojos,
mariposas blancas y amarillas, muchas mariposas blancas y amarillas.
Yo meditaba junto al riachuelo sin comprender el sonido vibrante de la última gota al caer sobre un tallo de tomillo en flor. Entonces supieron los pájaros, todos los pájaros, cada una de las aves del valle, que algo comenzaba. Me sorprendió el agudo coro de picos y aleteos.
Silbé, saliendo del silencio y uniéndome a ellos, dos notas. Una sobre la otra.
Yo meditaba junto al riachuelo sin comprender el sonido vibrante de la última gota al caer sobre un tallo de tomillo en flor. Entonces supieron los pájaros, todos los pájaros, cada una de las aves del valle, que algo comenzaba. Me sorprendió el agudo coro de picos y aleteos.
Silbé, saliendo del silencio y uniéndome a ellos, dos notas. Una sobre la otra.
Y al ser bello y descendente el sonido decidí seguir mi camino.
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