Una pared quizás
blanca por el tiempo
revenida, muestra un granulado marrón
y azul. Desconchones sobre una quizás pared
blanca
de ondas amarillas de humedades.
Otros rotos
quiebran a su vez en superficie la fachada.
Es el lienzo del olvido.
Un grafiti del tiempo estampado
contra la antaño pulcritud vertical.
La tela en que se baña
la ignorancia de lo efímero.
Un museo en el camino.
Un predicador diciendo: ¡El tiempo pasa!
Chocan sobre ella versos.
Van llenando las oquedades
que crean con sus aires
de poeta, con su moral de preso.
Una pared quizás
olvidada por el viento pues aún
sigue
en pié.
Se desviste entre faroles de sus mantos.
Una quizás pared
enmarcada en la lejana noche
se desnuda ante mis ojos. Yo bebo
de su néctar -dulce fermento
de cemento y hormigón-.
Se lava el maquillaje y muestra
las heridas que los pajaros
con sus picos largos
han ido degustando.
Son grietas de pintura
nos dirá un estudiante;
el arte nos dice:
soy yo despellejandome.
No hay comentarios:
Publicar un comentario