viernes, 4 de mayo de 2018

A ratos llueve

¿Como estás?
Intermitente:
a ratos llueve y luego el sol
se me aparece;
es tan fina esta lluvia...

De la encina ha resbalado
la hormiga.
A su sombra un palmo seco
hacia el que nada el sediento
insecto. Riman
en la arena sus pies mojados.

Llega la ola -¿que esperabais?-
lo arrastra
todo y deja sólo un punto negro
enganchado con seis patas al quieto
tronco. -¡¿Ya está?!
clama, mientras trepa hacia las ramas.

¿Cómo estás?
Medio decente:
a ratos llueve y luego el sol
se me aparece;
Son tan frescos sus rayos...

Por las ramas se ha ido yendo
la hormiguita.
En lo alto, al fin, de la copa
otea el paisaje. En sus hojas
se despista.
Resbalón y vuelta al suelo.

Suerte o no ya no había lluvia.
Barro y rías
surcando las orillas del camino.
A la corriente un barco le ha nacido
y flota la hormiga
hacia los campos sobre una semilla.

¿Como estás?
Pues como siempre:
a ratos llueve y luego el sol
se me aparece.
Brisa, paz y de repente
llego a casa y sin quererlo
se acabó el viaje.

Es entonces cuando triste
recuerdo los encajes
espumosos que viste
el arroyo y el traje
de hojas en ristre
con que la encina salvaje
tan tortuosa embiste
al viento y al avance
del invierno y sus secuaces.

Acabó. Ya no queda aventura.
Mañana nada será igual
siendo todo misma duda.

Empezará. Si alguien la escucha,
mañana canta
la misma canción la lluvia.

-Como estás?
Sonríe y asiente.
-A ratos llueve y luego el sol
se me aparece.

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