sábado, 4 de enero de 2020

Día 58

Hoy, al fin, escucho crujir las hojas bajo mis pies. 
Siento una paz inmensa

que en la soledad de la necrópolis -ya nadie visita a los muertos-
me permite conversar con las lápidas y con sus protectores, 
esos pequeños pájaros que generación 

tras generación
las guardan, fieles e ignorantes. 

Al fin sé que la soledad es ver lo ajeno en uno mismo. 
Sentirse blando metal, golpe 

sobre golpe, 
el mundo entregandose a su propio impacto. 

Los mitos y herrerillos ya se han ido, 
los muertos hace tiempo que lo hicieron 
y yo, mientras las hojas siguen traduciendo mis rumiares, me dejo arrastrar, lento paso 

tras paso, 
sobre este inestable momento de lucidez.

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.


De las demas soledades, 
que hay muchas
y están separadas todas, las unas 
de las otras, 
quisiera abrazar a esta que os mento

y contra mi voluntad evito. 
Me empuja a habitar cafeterías escondidas
donde me observo reflejado
en su penumbra, en su olor de calma. 
Y allí le dejó de lado para con los libros. 

Me unge el cuerpo con agua tibia
y antes de salir de la ducha 
me cura las herdas
de sangre y de pena con su peso. 
Luego, saliendo del baño, le aparto la vista. 

Incluso entre las sombras, 
en presencia de otros, 
me reconoce y me refugia 
si necesito escapar,
sin increparme el rechazo previo.

En la ciudad me pierdo buscándola 
y solo encuentro más y más personas planas y desfiguradas que no saben hablar
Y aún quedo prendado de sus formas
deshechas e incomprensibles, 
olvidando el objeto de mi búsqueda, 
observando sus dedos tartamudos sobre el cristal de un teléfono.

Tras dibujar los trazos, meses pasados, 
sé que la soledad 
son todas y cada una de ellas, todas las soledades avalanzandose una 

sobre otra. 

Perdidos en su multitud buscamos la propia
en la intimidad ajena, 
pareciendose mis soledades a las tuyas
y las tuyas al de más allá. 

.
.
.

En esas vueltas de la vida, 
como en agua agitada, 
chocan entre si las semillas
(no habrán de alcanzar el mar). 

El mayor sueño al que aspiran -al que aspiro-
es germinar en el prado verde con vistas al llano que se intuye en aquel valle.

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