Quiero correr por un campo de flores
eternamente ancho,
sin cansar las piernas,
sin agitar las venas.
Correr elevando pétalos al viento
y que siempre sea primavera
y que sobre los charcos cristalinos
caiga siempre mi piel de hoguera
Quiero correr entre miles de insectos
que me eleven mientras corro
entre las flores del campo eterno;
frágiles mariposas alzando un cuerpo denso.
Correr hasta perder la prisa
hasta olvidar el tiempo
un largo paso tras paso
y traspasar lo material.
Quiero correr hasta ser aire
hasta que las flores ya no bajen la cabeza
cuando mi pies desnudos las besen
y mis piernas bailen tangos con sus tallos;
correr y ya no correr porque
el que no es nada, el que no es nadie
el que no es ni figura ni materia ni tiempo
sólo será un deseo, un volátil anhelo
y aunque el deseo corra por entre las flores
siempre, hasta que ya no quede eternidad
hasta donde termina un infinito
y empieza el siguiente
aunque el deseo se desgañite
pidiendo a su Dios algo más
un sólo paso de decisión
matará su carrera su vuelo y su llanto
sin dejar rastro
un sólo paso, zancadilla leve
repleta de sinqueriendos,
un sólo paso que aún no he dado
porque sigo dubitativo en mi sombra
observando la luz del eterno y florido llano.
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