martes, 17 de octubre de 2017

Beben del río

Dos árboles
Un alcornoque y un madroño
destacan
en el curso ascendente de un río

y de su amor líquido han crecido
imponentes.

Ambos tienen la cabeza a pajaros
pies bajo tierra
y su presencia veraz, voraz,
eterna en el instante

hace del valle alto un lugar seguro
en que llorar.

Por eso el río
que de joven hizo caer pedernales
riega ahora con finas lágrimas
las raices de estos vecinos ancestrales:

mutualismo vital con el de Madrid
con el sureño simbiosis.

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