Veo el mundo a través de un cristal,
un cristal trenzado de agua,
de agua clara que por los lados resbala
y se desliza entre grietas del metal.
Una pantalla panorámica, azul,
que miente más que oculta.
Al fondo un rayo largo se desnuda
y un pájaro le hace el amor a contraluz.
Mentiras de pared, que se reflejan
en los ojos de tantos muertos
que ya no se si soy rey tuerto
escapando del país de los ciegos sin cejas.
Me refugio bajo un ciprés y mojo
con su fina elegancia elevada
mis órganos podridos de ratas,
de gusanos y recuerdos rojos.
Esta tierra y estas piedras
que cubren mis huesos son
metralla del pensamiento son
la duda cuando se queda.
Desentierren este cuerpo
de sedimentos carcelarios,
de nubes saladas y barro.
Dejen el cadáver a descubierto.
Se filtrará de mi este llanto:
Aire aire aire tierno
anhelo tu traspiés binario
de ida y vuelta a mi centro.
Y tras la oración huida
de mis pálidos labios
surgirá una herida.
Sangre por señal divina
mostrando el poder primario,
flujo del rojo tajo
que me devuelve intacta la vida.
Del diálogo nocturno una certeza:
no hay mejor curandero
que el tiempo y la charla
ligera de brisa fresca.
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