Recibo y boto cualquier barco
que llegue y parta.
Donde el puerto recoge horas naranjas
mis aguas, de las aguas emergen.
Soy el río y no tengo rebaño.
Gotas, burbujas. Corrientes y desmanes.
No cuido mis ideas desde un otero
porque mis ideas no son ovejas.
Allí, en la tarde, volando ligero
veo el tiempo surcado por veleros
y siento salarse mis aguas
me digo: soy esto mismo.
Ni Dios sabe ni la poesía
cómo tratar lo incierto.
No hay pústulas, ni pasto yermo,
ni carne con herida;
sí, una ola que tras otra uniría
mi voz a la del puerto.
¿qué minuto de estancas
agujas negras
me guiará
hacia aquello ya äjeno de mi tierna orilla?
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