Yo os digo: el atardecer
siempre es para el inocente
que corriendo hacia poniente
desea en su luz arder.
Hoy al ver palidecer
el sol lleno ni se inmutan,
los cielos ya no se escrutan
y el joven se siente alto
pues destaca en el asfalto
la flor gris con que se enlutan.
Yo os digo: el amanecer
es para quien necesita
un guiño, sed, la bendita
lejanía del ayer
y no ha, este, menester
de una edad dulce o concreta.
La pena es una cometa.
El día ya entero asciende.
Y algo en el pecho se prende
al comprender que no hay meta.
Que la canción es, pues,
mientras suena
y al callar
queda el alma algo inquieta
intentando inferir del silencio
este vivo interés
por amar.
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