miércoles, 13 de mayo de 2020

Pompas y canicas

Siete pompas de jabón.
Cinco niños corretean
riendo risas afiladas.
Pompas finas de ilusión.

(algunas noches el pensamiento es tan fuerte que se vuelve físico y creo estar diciendo en alto las palabras que fluyen como agujas a través de mis venas.)

Pompas de claro cristal.
Las canicas ya en el suelo
envueltas en polvo viejo.
Sinceras pompas de sal.

(algunos días la intuición es tan ligera que sus vapores me hacen volar sobre un llano blanco vacío y seco.)

Cada canica en su pompa
se eleva. Diez ojos ven
vendados su redondez.
Hasta que el llanto las rompa.

(A veces, quedo perpleja ante una imagen del horizonte. El sol, por ejemplo, rozando el borde del mundo y no saber si amanece o es la noche tratando de cubrir la esperanza con su velo. )

Cae la canica a sus pies.
Al beber, su beso corta
los labios y no se sacia
nunca el hambre de la infancia.

(También entonces tengo certeza de la bruma sobre el llano, de los secos hierbajos bajo mis pies desnudos.)

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