Al primer día hice el techo
y dormí
Al día siguiente me fui de allí
e hicimos música y fuego.
Después sucedieron cosas oscuras
y escapamos
hacia la Alhambra y sus tejados
hacia el mar del sur de esta España en duda
y en esa huida a galope desbocao
en ese frenesí
dimos en hacer tantas cosas que, infeliz
de mi, me acuerdo de un puñao.
¿Hicimos personas quizás por el camino?
No acierto
a distinguirlo pues ellas sí me hicieron
a mí, a ti, y a todo aquel que compartió destino.
Hicimos catedrales de menos de un metro de altura ,
de eso estoy seguro
y de dormir en las trincheras del bosque oscuro.
¡Fue toda una aventura!
El mapa se nos hizo pequeño y fuimos
a urticarnos
y a bailar a la tierra de la morriña y del caldo
Comimos patatas y aún hoy echamos de menos aquellos sonidos
En los bosques flores, setas y cortezas.
La arena
en la playa se erizaba y en su cadena
de dunas surgían cuerpos buscando una certeza.
Ese día ni dormí ni cagué pero hice grandes
círculos
sobre el tejido social de los ridículos
seres humanos. Carne y algún diamante.
Aquellos segundos fueron, todos, una jaula
tras otra
abriéndose al tacto de la aguja que da la hora,
como la gota, blandos silencios de agua.
Todo pasó menos el tiempo
Todo
menos la luz redonda que hiló en oro
sobre nuestra piel el más fútil de los cuentos.
Quien fuese viento
largo
para llevarle al mundo este canto
de vida. (Para volar las certezas
en ceniza y acentos)
Impresionante
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