sábado, 5 de octubre de 2019

Selfie borrosa

Al primer día hice el techo
y dormí

Al día siguiente me fui de allí
e hicimos música y fuego.

Después sucedieron cosas oscuras
y escapamos

hacia la Alhambra y sus tejados
hacia el mar del sur de esta España en duda

y en esa huida a galope desbocao
en ese frenesí

dimos en hacer tantas cosas que, infeliz
de mi, me acuerdo de un puñao.

¿Hicimos personas quizás por el camino?
No acierto

a distinguirlo pues ellas sí me hicieron
a mí, a ti, y a todo aquel que compartió destino.

Hicimos catedrales de menos de un metro de altura ,
de eso estoy seguro

y de dormir en las trincheras del bosque oscuro.
¡Fue toda una aventura!

El mapa se nos hizo pequeño y fuimos
a urticarnos

y a bailar a la tierra de la morriña y del caldo
Comimos patatas y aún hoy echamos de menos aquellos sonidos

En los bosques flores, setas y cortezas.
La  arena

en la playa se erizaba y en su cadena
de dunas surgían cuerpos buscando una certeza.

Ese día ni dormí ni cagué pero hice grandes
círculos

sobre el tejido social de los ridículos
seres humanos. Carne y algún diamante.

Aquellos segundos fueron, todos, una jaula
tras otra

abriéndose al tacto de la aguja que da la hora,
como la gota, blandos silencios de agua.

Todo pasó menos el tiempo
Todo

menos la luz redonda que hiló en oro
sobre nuestra piel el más fútil de los cuentos.

Quien fuese viento
largo

para llevarle al mundo este canto
de vida. (Para volar las certezas
en ceniza y acentos)









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