jueves, 11 de octubre de 2018

Duda resuelta

8 de octubre, tú, fresco y liviano,
no te quedan más que higos
secos entre las ramas de la higuera
y otros tantos sobre el suelo
estallados.

Hay en tu cielo, no entiendo, algo blanco
qué quiere mover el mundo
y resbala sobre la superficie
lento en la fuerza del viento
y sin rumbo.

Mírame. ¿no me ves también nublado
y con los frutos maltrechos?
¿No me ves piar con la ávida sed
del que no ha probado gota
del verano?

A rastras voy por tu pajizo seno
-donde la hoja va cediendo
al cierzo su baile y su vida- pero
¿no me ves obviar mi cuerpo
blando y yerto?

Tú, 9 de octubre, frío y delagado,
te tomo el relevo. Soy
fuego de sol, dulce fruta tardía.
Bebo de tu vientre hondo
largos tragos.

De pronto me he hecho fuerte en esta tierra
En vez de palo clavado
soy brote frondoso que tienta el aire
y distingue día húmedo
de tormenta.

Deja que te cuente lo que ha pasado
aunque tú lo sepas ya
día otoñal, aunque tu ya lo sepas.
Yo, me he, contra mí mismo
revelado.

Una estancia, una estación fue la noche
y desde que ha amanecido
no hay frío ni nube ni ser humano
ni miedo ni duda interna
ni reproche

que moldee mi ilusión por crecer
-de fuera a dentro también-
evitando coger caminos rectos.
Soy semilla en vuelo libre
Vuelvo a nacer

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