Del cielo amoratado y sus blandas nubes,
de los escaramujos y endrinas,
de lo oscuro de la piedra en contraste con la luz,
de todo ello me quedo con el hierbajo seco
bailando rígido al fru-fru
de un tímido viento.
Y conmigo intentando parecerme a todo ello.
Al hierbajo amarillo que Otoño tira por tierra,
al mirlo cantando sus agrios augurios,
al cielo que muestra todo su espectro,
incluso el violento escaramujo
y a la endrina redonda, verde y tierna.
Solo rechazo, y no haré por cambiarlo,
la luz artificial que queda después.
Como estrellas riendose de las estrellas,
como una carcajada prepotente
qué agacha la cabeza cuando el rayo
le recuerda que nada es perenne.
No hay comentarios:
Publicar un comentario