viernes, 1 de septiembre de 2017

Vacío II

a carcajadas
a horcajadas
surge
regia
la noche del Jarama

Más allá de las majadas,
entre el jolgorio de los jilgueros,
y la embajada del grajo.

En una terraza escogida,
de las que se estrujan entre geranios
y jabatos,
un gorrioncillo a manchas
va hilvanando al hilo de sus ojos
las estrellas encajadas en lo oscuro de su rostro.

Una luna cuajada
se insinúa con gracia
tras su móvil vestido de nubes.

Cuajada la luna de sal
asoma entre ramas de encina
y clava al gorrión su pétrea mirada.

Pobre ave atornillada al árbol del bien y del mal

Por un instante intercambian futuros:
el astro agita sus alas
y es el pájaro eterna danza estelar de esferas.

El silencio de lo fatuo se adueña del valle.

Por un instante corto como un beso,
largo como un beso,
por un blanco instante el tiempo se esconde en la sala de espera

Y nunca se supo de un ave con tan alto vuelo
ni de satélites con plumas
ni de lunas anidando en lo más terrenal de este tierno suelo.

Agitado es el estruendo de la estratosfera
y de su fría nada
el pronto pájaro se quiso volver
al lecho en que la dama plateada
dormía cómoda por primera vez

En el silencio otorgado por la cascada del río,
en la bruma nocturna del valle español,
quedó rota la dulce mentira.

Se irguió la luna clamando a su dios
¿Dónde mi alma?
¿por que no media, media porción de ser en la que calmar esta tormenta interior?

Así como terminó, partió el rayo un firmamento
abriendo las aguas del lago de lágrimas lunares
y en el centro, justo donde se volvian a encontrar las gotas,
nació la luz del alma del astro celeste.

Si alguna vez discurrieran vuestros ojos vestidos de noche
por laderas húmedas de río
atended al bailoteo en superficie del espíritu selenita, su brío

y recordad al gorrión
que andará por allí sin sino
picoteando del silencio compartido
para saciar su sed de calma
en el reflejo del reflejo del sol

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