Todos los días parto enamorado
de un amanecer tierno entre tus brazos
hacia una tierra yerma hecha pedazos.
Tu voz lejos, el sol aún apagado.
¿Donde estas amor mío, amor osado?
Busqué entre sombras los dulces trazos
que ataban con tiernos lazos tus mano
a mi piel, y en ellos me he refugiado.
El dulce néctar del tiempo devuelve
tu imagen a mis versos, mi sedienta
boca a tu boca de agua en el desierto
Regamos con ciega ilusión el huerto,
florecen la dicha, el gozo y la menta.
Todo nuevo, como ayer; amanece.

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